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Seguramente sea una de las recetas más fáciles de hacer pero a la vez más sabrosas. ¿Quién no ha probado esas rosquillas de pueblo que hacían las abuelas? Al menos las mías las preparaban… Así que a parte de encantarme su sabor me traen buenísimos recuerdos!

Ingredientes 

Para las rosquillas

  • 2 huevos
  • Medio kilo de harina
  • 125 gr de mantequilla
  • 100 ml de anís
  • 50 ml de aceite de girasol
  • 50 ml de leche
  • Ralladura de un limón
  • Un sobre de levadura
  • 2 ó 3 cucharadas de azúcar (admite más pero también salen buenísimas sin azúcar puesto que luego lo lleva en el baño)

Para el baño

  • Medio vaso de agua
  • 5 cucharadas de azúcar
  • Medio vaso de anís de anís

Lo primero es mezclar todos los ingredientes, excepto la harina, en un bol (si queremos se puede batir un poco pero no es necesario). Después añadiremos la harina y la levadura previamente tamizadas para que no queden grumos y amasamos hasta que la masa no se nos quede pegada a las manos. Normalmente hay que añadir algo más de harina pero eso ya lo iréis viendo.

Tenemos que dejar reposar la masa al menos durante un par de horas, yo la dejo fuera de la nevera tapada con papel film y tampoco pasa nada si la preparáis de un día para otro.

Finalmente estiramos la masa y le damos la forma de rosquilla del tamaño que más nos guste, freímos en abundante aceite (yo utilizo de oliva pero el de girasol también vale) con el fuego no muy alto  y dejamos escurrir en papel absorbente.

Cuando ya han enfriado un poco las baño en la mezcla de anís, agua y azúcar y luego las rebozo con más azúcar, aunque este paso también es opcional. Están deliciosas y sobre todo si las dejáis reposar unas horas o las coméis al día siguiente y lo mejor es que duran igual de tiernas un montón de días, os encantarán!

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